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Pluma y Oído
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Miércoles -03/09/2008
Apurímac, región post violencia y desarrollo
Por: Enver Quinteros
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Apurímac es una región post violencia. Como la Alemania post nazi, como Guatemala, o para no irnos muy lejos como Argentina y Chile en el cono sur. Todas ellas son naciones que enfrentaron guerras civiles o dictaduras que sumergieron a sus ciudadanos en una vorágine de violencia que no solo vulneró derechos humanos, sino también estancó y retrasó su desarrollo. En nuestro caso, justo cuando nos embarcábamos a construir democracia y desarrollo luego de la dictadura militar de los 70s, nuestro país y región se vio asolada, durante dos décadas, en un fuego cruzado iniciado por los criminales de Sendero Luminoso y el MRTA, y mal respondido por las Fuerzas Armadas, ante la abdicación de su responsabilidad por parte de los gobiernos políticos de entonces.
Entre otros elementos el daño generado a nuestra región y país se extendió a la perdida de miles de vidas, pero también a la destrucción de la precaria institucionalidad política, la pérdida de millones en soles y al abortamiento de los emergentes pero importantes proyectos de desarrollo regional. Tal es así, la importante capacidad de organización, como por ejemplo de los sectores rurales que en los 70s posibilitó la transformación del país a partir de la toma de tierras y la reforma agraria desarrollada por Velasco Alvarado, fueron prácticamente pulverizados, y con ella toda capacidad de construcción de proyectos regionales.
Han pasado años de ese negro episodio, de esos tiempos del miedo o “manchay tiempo” como dirían nuestros hermanos del campo, pero que en el presente nos muestra sus crudas secuelas en los diversos planos de nuestra vida cotidiana. Secuelas que todavía limitan no solo la necesidad de reconstrucción de proyectos, sino también la posibilidad de alentar el desarrollo integral de la región. Constataciones de ello lo vemos en nuestras limitaciones para organizarnos social y políticamente, en nuestros déficits de representación, en la ausencia de proyectos de mediano y largo plazo.
Ciertamente superar estas secuelas tomará su tiempo. Sin embargo ellas tardarán más si no tenemos conciencia de la misma. De que somos una región post violencia. De que somos una región no solo históricamente excluida del mapa de poder nacional y la distribución de sus riquezas, sino que también somos una región que ve agravada su situación por los impactos de la guerra. De ahí que como Ayacucho y Huancavelica, Apurímac encuentra en su reciente historia un argumento político y jurídico si, pero también ético y moral, en exigir al estado central un tratamiento diferenciado en la asignación de recursos que posibilite su reconstrucción y desarrollo integral. Desarrollo que atienda el derecho pleno de sus ciudadanos a gozar de una vida digna en la que sus derechos económicos, sociales y culturales, pero también políticos y civiles, como la reparación, sean atendidos.
Esto resulta fundamental si se reconoce los importantes esfuerzos que buscan desarrollarse en la región para precisamente alentar esta tendencia. El proceso de construcción del Acuerdo Regional, un espacio de concertación y construcción de políticas de Estado, el proceso de la Reforma Educativa Regional, que busca reorientar cualitativamente el contenido de la educación en la región haciéndola más plural, tolerante y democrática, son esfuerzos que van en esta nueva dirección.
Pero también, a cinco años de la entrega del IF CVR y a contra corriente del discurso pro impunidad de la élite de poder limeña expuesta descaradamente estos días, es fundamental reconocer los esfuerzos que desde esta región vienen haciéndose por implementar las recomendaciones de la CVR como en el plano concreto de las reparaciones, al haberse formulado el PIR, el Registro de Víctimas y haberse asignado recursos para estas tareas vía los presupuestos participativos.
Ciertamente todavía hay mucho por hacer, sobre todo en el plano de las ideas y los sentimientos, pero con estos importantes esfuerzos y logros iniciales, de los cuales quizá doy una impresión muy positiva, la posibilidad de construir una región plenamente democrática pueda ser posible. Esta tarea sigue dependiendo de todos los apurimeños y apurimeñistas.
Hasta la próxima semana.
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Historiador por la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, UNSCH. Trabajó en la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), sede Ayacucho. Desde el 2004 se desempeña como Responsable Regional de la Asociación Pro Derechos Humanos, APRODEH, en Apurímac.
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